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miércoles, 16 de febrero de 2011

Indiferencia.

 Caminaba despacio. No miraba atrás. Todo quedaba lejano. No sabia muy bien hacia donde se dirigía, pero sus pasos eran firmes aunque cansados. Había una luz tenue y la gente caminaba sin rumbo por la calle entre las luces navideñas.
 Se paró a mirar el escaparate de una vieja pastelería donde el dependiente se agachaba con una sonrisa, para darle un pequeño pastel a un niño que felizmente lo recogía y se lo agradecía a su madre. Los recuerdos pronto invadieron su cabeza, lo que le hizo esbozar una sonrisa. Inocencia de la infancia, añorada por tantos.

 Siguió caminando mientras, delicadamente, unos pequeños copos de nieve empezaban a enredarse entre su pelo y a adornar las ruinosas calles.

 De repente se detuvo. Observó una puerta deteriorada por el tiempo la cual se le notaba que había vivido mejores épocas. La empujó y esta se abrió con un leve quejido. Dentro había unas retorcidas escaleras de hierro con la pintura astillada y oxidadas. Las subió deslizando delicadamente su mano sobre los barrotes. Trozos de pintura iban cayendo a su paso por los peldaños.

 Al llegar arriba se encontró con el marco de una puerta, la cual debía de haber sido arrancada hace años y de la que quedaban apenas unas astillas. Lo atravesó y se encontró con un estrecho pasillo. Del fondo provenía una luz tenue y amarillenta. Llegó a una pequeña salita en la que había una galería. Las viejas y amarillentas persianas venecianas eran las causantes de esa extraña luz.

 Dejó su mochila en el suelo, apartó las persianas y se detuvo a mirar por la ventana. La gente seguía caminando felizmente por la calle, inmune a su presencia.

2 comentarios:

You are beautiful. dijo...

Te sigo Antia (: tiqieeeeeeeeeeeeeeeeeeerou.

The wind dijo...

vale claraaa =)
un besooo tkk =)

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