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sábado, 12 de febrero de 2011

Feelings.


Enciendes tu iPod a oscuras, con los ojos entreabiertos. Una canción lenta y relajante empieza. Escuchas la letra que que suena entre notas de piano, y te sientes la protagonista de esas frases. Poco a poco tus párpados se van cerrando, y el pequeño aparato empieza a deslizarse por tus dedos, escodiéndose entre las mantas.
 De repente todo se convierte en un mundo maravilloso y tienes miedo a dormirte por temor a que, cuando te despiertes, todo se rompa en mil pedazos y veas que solo fue un simple sueño, producto de tu imaginación. S respira alegría y, sobretodo, esa sensación que tú tanto necesitabas; tranquilidad. La gente camina feliz, sin complejos y sin parars a criticar a los demás.
 Una tormenta se acerca lentamente dejando caer las primeras gotas y cambiando la intensa luz de la escena anterior por unas inmensas nubes negras. La gente mira aterrorizada hacia el cielo. Los niños lloran y empiezan a sonar unas horribles bocinas agudas, cuyo sonido te va desgarrando poco a poco los tímpanos, y llegando punzantemente a tu cerebro. La gente corre, te empujan y no hace más que gritar y llorar. Un proyectil cae en un edificio cercano. Corres con las manos cubriéndote la cabeza, y a los pocos segundos, una lluvia de piedras y polvo cae sobre ti, provocándote varios cortes. Notas como unos pequeños hilos de sangre se deslizan por tu frente y, poco a poco, su sabor amargo llega a tus labios. Pero sigues corriendo horrorizada sin parar. Lloras, gritas, ya no sientes tus pies rozando contar el suelo y el cansancio empieza a apoderarse de ti. !!!PUM¡¡¡
 -¡¡¡Aaaaaaaaaa!!!
Una luz se enciende.
 -¿Que te pasa?
Ves la cara preocupada de tu madre junto a la tuya, secándote delicadamente las gotas de sudor de la frente. Tu respiración sigue acelerada.
 -Duérmete que aún es muy temprano. Sola ha sido una pesadilla.
Notas sus finos labios en tu mejillla y como, cuidadosamente, te va arropando. El murmullo de la música de tu iPod aun se oye entre las mantas. Ella lo recoge y te lo deja en tu mesilla mientras apaga la luz de la lámpara con una dulce sonrisa.

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